El Congreso mexiquense aprobó la reforma de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez para que la Secretaría del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible promueva el establecimiento de zonas de preservación ecológica de los centros de población, con categoría de ‘Panteones Ecológicos’, así como la práctica de actividades legales de inhumación ecológica y ambientalmente responsables.
Serán una alternativa a los métodos tradicionales de inhumación y cremación, con lo que se busca reducir el impacto al medio ambiente al prescindir de materiales no biodegradables y sustancias químicas contaminantes.
El Pleno de la LXII Legislatura mexiquense avaló reformas para que la Secretaría del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible promueva, en coordinación con las autoridades de salud estatales y municipales, el establecimiento de zonas de preservación ecológica de los centros de población, con categoría de ‘Panteones Ecológicos’, así como la práctica de actividades legales de inhumación ecológicas y ambientalmente responsables.
Esta medida, impulsada por iniciativa de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, se plantea como una alternativa a los métodos tradicionales de inhumación y cremación. Con ella se busca disminuir el impacto ambiental al eliminar el uso de materiales no biodegradables —como el concreto, el mármol y los metales pesados—, así como de sustancias químicas altamente contaminantes, entre ellas el formaldehído empleado en los procesos de embalsamamiento.
La reforma establece que los ‘Panteones Ecológicos’ son zonas de preservación ecológica dentro de los centros de población, destinadas a la inhumación legal de restos humanos mediante prácticas ambientalmente responsables. Estas acciones incluyen entierros ecológicos o naturales, nichos verdes y otras prácticas que contribuyan a la conservación y restauración del suelo, minimizando el impacto ambiental y promoviendo el uso de materiales biodegradables en lugar de bóvedas de hormigón o metales.
Además, estas zonas fomentan labores de reforestación y plantación de árboles en los sitios de disposición, evitan el uso de embalsamamientos químicos y favorecen la reincorporación natural del cuerpo a la tierra. De esta manera, el lugar de entierro no solo cumple su función funeraria, sino que también se transforma en un hábitat o bosque conservado, promoviendo la armonía entre el descanso final y el cuidado del medio ambiente.










