jueves, julio 30, 2026
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OPINIÓN / Columna del Director | Por: José Martín Ramírez Pech

En Política hay candidatos que aspiran a un cargo de elección popular y solo ven las encuestas sus números positivos y jamás ven sus números negativos, eso sí que es un grave error y luego se dan por sorprendidos cuando no son los que encabecen dichas candidaturas.

En política, fijarse solo en la intención de voto o en los “positivos” es un error estratégico común que suele costar candidaturas o elecciones.

A este fenómeno se le conoce técnicamente como tasa de rechazo o voto negativo, y es igual de importante (o más) que la popularidad por varias razones:

El “techo” electoral un candidato puede tener un 30% de aceptación (primer lugar), pero si su negativo es del 50%, significa que la mitad de la gente jamás votaría por él. Está cerca de su límite y no tiene hacia dónde crecer.

Facilidad para la “Guerra Sucia un candidato con negativos altos es un blanco fácil. Sus oponentes no necesitan inventar nada; solo tienen que recordarle a la gente lo que ya no le gusta de esa persona para hundirla.

Movilización del voto en contra a veces, el miedo o el rechazo a un candidato moviliza más gente a las urnas que la simpatía por otro. Muchos votan “por el menos peor” con tal de que el que les cae mal no gane.

Los partidos políticos cuidan su “marca”. Si postulan a alguien muy cuestionado, esos negativos se le pegan al partido y afectan a los otros candidatos (regidores, diputados, etc.).

Al final, un candidato con muchos positivos, pero también muchos negativos es una bomba de tiempo. Los partidos inteligentes prefieren a alguien que quizás no sea el más conocido, pero que tenga un camino limpio para sumar aliados sin generar rechazo inmediato.

El análisis político moderno confirma que las encuestas de “positivos” son solo el maquillaje de una campaña; el verdadero veredicto lo dicta el partidismo negativo y el techo electoral.

Desde una perspectiva de análisis periodístico y científico, aquí te detallo por qué los “negativos” son el factor determinante:

El Fenómeno del Partidismo Negativo hoy en día, el electorado no vota tanto “a favor de” sino “en contra de”.

Identidad por rechazo el votante define su identidad política odiando a un candidato o partido. Si un candidato tiene un 40% de negativos, tiene un muro infranqueable: el 40% de la población saldrá a votar solo para evitar que él llegue al poder, sin importar quién sea el rival.

Voto de castigo, en elecciones municipales, el desgaste de la gestión previa influye más que las promesas nuevas. Un alcalde que busca reelección o un candidato del mismo partido arrastra los negativos de la administración actual como un ancla.

La Trampa del “Conocimiento” vs. “Aceptación”

Los periodistas políticos podemos distinguir entre ser conocido y ser querido.

Un candidato puede liderar las encuestas porque es una figura pública (famoso, exalcalde, influencer), pero ese “liderazgo” es artificial si su tasa de rechazo es alta.

El techo electoral si tienes un 30% de positivos y un 50% de negativos, tu “techo” es bajísimo. No tienes de dónde sacar más votos porque ya te conocen y ya decidieron que no te quieren.

La Efectividad de la “Campaña Negativa” (Guerra Sucia)

El análisis de datos muestra que las noticias negativas generan reacciones más fuertes y sostenidas que las positivas.

Efecto de “Mancha”, un ataque bien fundamentado sobre los negativos de un puntero puede “anular” sus positivos.

Desmovilización a veces, resaltar los negativos de un candidato no hace que la gente vote por el otro, sino que el votante del puntero se sienta “desencantado” y decida no ir a votar, bajando su participación real el día de la elección.

Selección Estratégica de los Partidos

Los partidos políticos utilizan los grupos focales (focus groups) para medir la profundidad de esos negativos. Si el rechazo es por “corrupción” o “incumplimiento”, es casi imposible de revertir.

Candidatos de “Consenso”, muchos partidos terminan eligiendo al que va en segundo o tercer lugar en las encuestas si este tiene bajos negativos. Es preferible alguien que genere menos resistencia para poder construir alianzas con otros sectores.

En resumen, los “positivos” te dicen dónde empiezas, pero los “negativos” te dicen hasta dónde puedes llegar. En la política actual, el que menos estorba suele ser el que termina ganando.

Para los candidatos de MORENA, esta lógica aplica de forma intensa, pero con un matiz único: el voto por la marca suele ser más fuerte que el rechazo al candidato individual, aunque esto tiene límites claros en las elecciones municipales.

El “Efecto Marca” como Escudo

En Morena, la intención de voto suele estar ligada a la aprobación del movimiento y sus liderazgos nacionales. Esto genera un fenómeno donde candidatos con negativos altos (como exmiembros de otros partidos o figuras polémicas) ganan simplemente por la inercia del partido.

El método de selección de Morena para 2027 sigue basándose principalmente en reconocimiento y posicionamiento.

La trampa del reconocimiento la encuesta oficial pregunta “¿Lo conoce usted?”, y si la respuesta es sí, el candidato sube puntos. Sin embargo, no siempre se pondera con la misma fuerza si ese conocimiento es por razones negativas (mala gestión previa, escándalos).

Filtros de unidad para mitigar el rechazo, el Consejo Nacional ha establecido reglas como prohibir la descalificación entre aspirantes y limitar el nepotismo, buscando que el ganador no llegue “manchado” por la propia disputa interna.

El Riesgo en Alcaldías (Voto Local)

Donde más “truena” la estrategia de ignorar los negativos es en las elecciones locales.

Desgaste de gestión: Un alcalde que busca reelección o que es percibido como ineficiente genera un rechazo que la “marca Morena” no siempre puede compensar. Se han documentado casos donde Morena pierde municipios clave (como en Veracruz o Durango) debido a la mala imagen de los gobernantes actuales o la imposición de perfiles rechazados por la base.

Polarización afectiva los opositores a Morena suelen tener un partidismo negativo muy alto (votan con odio al partido), lo que significa que un candidato de Morena con negativos propios le da el “pretexto perfecto” a la oposición para movilizarse masivamente en su contra.

Si un candidato tiene más del 40% de negativos, se vuelve un blanco vulnerable para la “guerra sucia”, lo que puede reducir la ventaja competitiva del partido en estados o municipios disputados.

 

 

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