La alcaldía Azcapotzalco atraviesa un momento clave en su definición política y económica rumbo
a 2027. En entrevista con Maya Politic Sureste, Gabriela Jiménez Godoy, precandidata de Morena,
expone su diagnóstico sobre la demarcación, los retos estructurales y la visión de desarrollo que
plantea para el futuro.
—¿Cómo definiría hoy la importancia política y económica de Azcapotzalco dentro de la Ciudad
de México?
Azcapotzalco es una alcaldía estratégica. No solo por su población, sino por su ubicación, su
historia industrial y su conexión metropolitana. Es una demarcación que puede convertirse en un
eje de desarrollo económico para el norte de la Ciudad de México, pero para lograrlo se necesita
planeación, visión de largo plazo y un gobierno con capacidad de diálogo y gestión.
Aquí vive gente trabajadora, hay colonias con identidad, una base industrial histórica y una
comunidad estudiantil importante. Todo eso, bien articulado, puede generar crecimiento
económico, empleo y cohesión social.
—Azcapotzalco ha sido históricamente una zona industrial. ¿Cómo ve su futuro económico?
Durante décadas, Azcapotzalco fue uno de los motores industriales de la ciudad, particularmente
en la zona de Vallejo. Sin embargo, la falta de inversión y de actualización del modelo productivo
provocó rezagos.
Hoy tenemos la oportunidad de hablar de reindustrialización, pero con un enfoque moderno:
industrias limpias, logística, innovación, tecnología y encadenamientos productivos que beneficien
directamente a la economía local. No se trata solo de atraer inversión, sino de que esa inversión
genere empleos dignos y bienestar para la población.
—¿Qué papel debe jugar el gobierno local en este proceso económico?
Un papel activo. El gobierno no puede ser solo un administrador de problemas. Tiene que ser un
facilitador del desarrollo. Eso implica diálogo permanente con la iniciativa privada, pero también
con la sociedad civil y con los vecinos.
Un proyecto industrial que no considere a la comunidad genera conflictos; uno que se construye
con participación genera estabilidad y crecimiento. Ningún gobierno puede trabajar solo, pero
tampoco puede renunciar a su responsabilidad de regular y planear.
—En términos políticos, ¿cuáles son los principales retos de gobernabilidad en Azcapotzalco?
Uno de los principales retos es la seguridad pública. No podemos negar que existen problemas
asociados al narcomenudeo, particularmente entre jóvenes. Pero reducir la seguridad a una visión
policial es un error.
La verdadera política de seguridad tiene que incluir educación, deporte, cultura y oportunidades
económicas. Si no atacamos las causas estructurales, solo estaremos administrando la violencia.
Además, Azcapotzalco no puede verse de manera aislada. Se requiere coordinación con la alcaldía
Cuauhtémoc y con el Estado de México, porque los problemas metropolitanos no reconocen
fronteras administrativas.
—El tema del agua ha generado tensiones sociales. ¿Cómo abordarlo desde una lógica de
gobierno?
El agua es un tema de gobernabilidad. Cuando falla el suministro, se afecta la calidad de vida, pero
también la confianza en las instituciones.
Se necesita inversión en infraestructura hidráulica, mantenimiento de redes y alternativas como la
captación de agua pluvial. No son soluciones inmediatas, pero sí indispensables para garantizar
estabilidad social y viabilidad económica. Ningún proyecto de desarrollo puede sostenerse sin
servicios públicos eficientes.
—Azcapotzalco tiene una fuerte identidad cultural. ¿Qué peso tiene esto en la política local?
Muchísimo. Azcapotzalco es una de las alcaldías con mayor número de pueblos y barrios
originarios. Eso no es solo un dato cultural, es un factor político.
Cuando hay identidad y arraigo, la ciudadanía participa, opina y exige. Ignorar eso debilita
cualquier proyecto de gobierno. Incorporarlo, en cambio, fortalece la legitimidad y la cohesión
social. Apoyar las tradiciones y la cultura también es una estrategia de prevención social y de
construcción de comunidad.
—Finalmente, rumbo a 2027, ¿qué exige hoy la ciudadanía de Azcapotzalco?
Exige resultados. La gente está más informada, más politizada y más participativa. Esta revolución
de las conciencias nos obliga a quienes aspiramos a gobernar a ser más responsables, más
transparentes y más eficientes.
Ya no basta con prometer. Se necesita visión económica, sensibilidad social y capacidad política
para articular consensos. Azcapotzalco no necesita ocurrencias; necesita un proyecto serio de
desarrollo y bienestar.










